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jueves, 7 de abril de 2011

La enfermedad de la delgadez afecta cada vez más a varones

Las dificultades para percibir trastornos como la anorexia o la bulimia en los chicos adolescentes entorpece el diagnóstico precoz aún más que en las chicas
La obsesión por perder peso, por decir adiós a las grasas, por nunca ver un cuerpo delgado en el espejo ya no es solo cosa de chicas. Y es que según ha detallado a Diario de Almería la responsable de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil (USMI-J), del Complejo Hospitalario Torrecárdenas, Alma Martínez de Salazar, "aunque todavía es mayor el número de adolescentes femeninas que son diagnosticadas de anorexia o bulimia, cada vez son más los varones menores de 18 años que sufren alguna de estos trastornos de la conducta alimentaria". 

Las dificultades para percibir y aceptar que un varón tiene un trastorno alimentario siguen siendo aún frecuentes y esto entorpece el diagnóstico precoz todavía más que en el caso de las chicas. 

La experta ha señalado que si el paciente es el chico de la casa, será muy difícil que los padres acepten que tiene una anorexia o una bulimia nerviosas y tenderán a atribuir a otros motivos su estado físico o su conducta. Hay estudios que revelan que si la patología es tan llamativa que se acaba llevando al chico a consulta, muy pocos profesionales se plantearán que sus problemas físicos o su delgadez proceden de un trastorno alimentario. 

Al problema de diagnóstico se le añade el estigma con que los varones viven sus conductas alimentarias patológicas y la humillación que les suele suponer acudir a una consulta especializada en "problemas de chicas". Por razones culturales, si un muchacho está preocupado por su cuerpo lo expresa menos que las mujeres. 

Los familiares, educadores y allegados de adolescentes varones deben tomar conciencia de que esta inseguridad del tránsito de la infancia a la juventud también es experimentada por los chicos aunque, por los condicionamientos sociales les cueste decirse a sí mismos o a los demás que les obsesiona su aspecto. Si expresaran abiertamente sus preocupaciones correrían el riesgo de que los otros pusieran en duda su hombría. Mirarse al espejo, preocuparse por la apariencia o mostrarse débil, ha sido considerado por la sociedad un signo de poca virilidad que está dejando ver su lado negativo.


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